Resumen de los principales argumentos de la tercera jornada de debate de la Ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo

Si no pudiste seguir la tercera jornada del debate de la Cámara de Diputados en la que se debatió la aprobación de la Ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, el 17 de abril, aquí resumimos los principales argumentos que se presentaron a favor de esta posibilidad:

En pocas palabras: se insistió en la necesidad de separar creencia religiosa de ley pública, Iglesia y Estado. Todas las creencias son válidas pero no se pueden aplicar para obligar a nadie a que haga algo que no desee, sea abortar o no abortar. No se propone extender la práctica del aborto, sino fomentar la propia decisión personal y la autonomía de las mujeres. Las mujeres somos sujetos de derecho y tenemos que ser libres para decidir por nosotras mismas, en caso contrario, no seremos ciudadanas iguales que los varones. Es importantísimo recordar que va a seguir habiendo abortos, queramos o no, el debate no es aborto sí o no, sino aborto clandestino y con riesgo para la vida o aborto legal y seguro. Además, incluso quienes mantienen una creencia religiosa pueden estar de acuerdo con la interrupción voluntaria del embarazo, ya que debemos ser independientes para pensar por nosotras mismas y no hay ningún texto bíblico que prohíba el aborto. Un dato final y más que relevante: en los países donde el aborto es legal, ha descendido tanto el número de abortos, como las complicaciones y muertes debidas a la realización de abortos inseguros.

A continuación, damos un breve resumen de cada intervención:

En primer lugar, Analía Mas se refirió a la objeción de conciencia, planteando como una opción individual, basada en una creencia personal y privada, no puede esgrimirse para perjudicar la vida de otras personas. Insistió en la necesidad de un estado laico, donde se separe la ley de la religión.

En segundo lugar, el médico Fabián Portnoy se apoyó en datos de la Organización Mundial de la Salud para destacar cómo en los países donde se ha legalizado el aborto, ha descendido el número de mujeres que realizan este procedimiento. Por el contrario, en los países donde el aborto es una práctica ilegal, siguen muriendo mujeres por la realización de intervenciones clandestinas, que se van a seguir realizando, nos guste o no.

En tercer lugar, el colombiano Pío Iván Gómez refirió a su propia experiencia como médico en distintos países de Latinoamérica. Al principio él mismo culpaba a las mujeres que querían abortar, luego se dio cuenta de su error: muchos embarazos no son a propósito, ni voluntarios, no es que las mujeres “no se cuiden”. Los métodos anticonceptivos fallan y hay que escuchar a las mujeres, a sus historias personales y problemáticas. También es necesario un enfoque de Derechos Humanos en la medicina y mejor información y educación sexual y reproductiva.

Tras él, la actriz Muriel Santa Ana dio testimonio de cómo abortó, en una clínica privada, porque tenía los medios para poder realizarlo ¿Qué sucede con las mujeres que no pueden permitírselo? La valoración de la vida por nacer no puede estar por delante de la vida de las mujeres. Nadie puede decidir por nadie y las mujeres no somos un frasco donde crece vida, somos mucho más.

Luego intervino el filósofo Darío Sztajnszrajber quien explicó que las creencias metafísicas personales de cada uno de nosotros, donde podemos estar en desacuerdo (y generalmente lo estamos) son diferentes a una legislación pública y común que nos representa a todos. Es urgente hacer leyes y construir un orden social donde todas las personas estemos reconocidas y las mujeres se emancipen y decidan. No se puede legislar en nombre de las creencias metafísicas de unas pocas personas, no sería justo ni representativo.

Un poco después, Cecilia Zerbo, trabajadora del sector salud, criticó el modelo médico hegemónico, por ser producto del patriarcado e impedir a las mujeres decidir. Este modelo, autoritario, masculino y conservador, infantiliza a las mujeres, nos perjudica y nos daña. Necesitamos unas políticas públicas que no ataquen a las mujeres y nos permitan decidir.

Tras ella, intervino María Eugenia Estensoro, quien también refirió su propio aborto, cuando era muy joven, pese a su creencia en lo espiritual. Ambas dimensiones son compatibles y, antes que defender las propias creencias, hay que evitar los prejuicios y las presiones que sufren las mujeres que deciden abortar. Hay que pensar en ellas, en sus circunstancias, no prejuzgarlas. Enfatizó la importancia de legislar fuera de las creencias religiosas o espirituales.

Las palabras de la pastora Gabriela Soledad Guerreros fueron a favor de una teología pentecostal, de la liberación y feminista, que recupere sus raíces protestantes (esto es, pensar por una misma, sin mediaciones ni autoridades que te digan qué hacer) y que se aparte de las concepciones religiosas capitalistas y patriarcales que reducen a las mujeres a objetos reproductores y pasivos. Defendió el amor como base de las relaciones humanas y la vida, a la vida de las mujeres que son sagradas, fuertes y deben autodeterminarse, con libertad de decisión y de conciencia, sin que nadie las obligue a hacer lo que no desean.

La dirigente Raquel Vivanco, también contó que abortó siendo muy joven y respondió a quienes critican a las mujeres y niñas que tienen que abortar, con argumentos tan bajos como que son borrachas o piensan con la bombacha. En oposición a esos argumentos débiles y falaces, presentó datos de menores embarazadas por abuso y mujeres muertas por la realización de abortos clandestinos. Esos son los datos que importan, no donde tengamos la bombacha, dijo, mientras sostenía una.

Tras ella, intervino la periodista Débora Plager, que insistió en el consenso existente: nadie está a favor del aborto. No es una práctica que alguien desee realizarse, pero, siendo realistas, hay mujeres que no quieren o no pueden continuar con su embarazo. Ante este hecho, la opción sería aborto legal y seguro o aborto clandestino.

A continuación, participó la periodista Sabrina Cartabia, quien narró su experiencia como acompañante de abortos. Ninguna mujer aborta sola, hay redes de apoyo y acompañantes en esta experiencia tan difícil, pero se puede abortar de modo clandestino o en un hospital. También destacó la importancia de compartir historias sobre abortos, visibilizarlas, hablar de ellas, para mostrar que somos muchas y no estamos solas.

Poco después, habló Eva Gutiérrez, del Polo Obrero. Dijo hablar en nombre de las mujeres de las villas que no podían ir al Congreso. Denunció la hipocresía de los gobernantes y los bancos que nos gobiernan a todos nosotros y a nuestras decisiones. No es que queramos abortar, es que nos obligan cuando los salarios son tan bajos y las condiciones de vida tan precarias que no nos permiten subsistir.

Tras ella, María Luisa Storani, parlamentaria de Mercosur, aludió a la legislación del aborto de Suecia y Uruguay: tras la aprobación del aborto, en todos sus supuestos, en esos países descendió la mortalidad de mujeres así como el número de abortos realizados.

Carlos Bigalli, abogado, destacó las insuficiencias de la legislación argentina en materia de aborto y en la urgencia de una reforma legal que tuviera en cuenta la autonomía reproductiva de las mujeres. Sin esa independencia, las mujeres son ciudadanas de segunda y eso no es democrático.

La abogada Natalia Torres comparó los derechos de una persona nacida con los de una no nacida, para mostrar las diferencias e insistió en que si hay un derecho a nacer también debe existir, por consecuencia, un derecho a no nacer. No tener en cuenta esto, legislar solo por el derecho a nacer (o el mal llamado “derecho a la vida”) es favorecer a las personas privilegiadas que pueden permitirse decidir si tener a sus hijos o no, todas las demás personas que no puedan permitirse un aborto privado, están ya condenadas a la ilegalidad y a las prácticas clandestinas, con riesgo para sus vidas.

Y otra abogada más, Natalia Volosin, diferenció los argumentos que deben ser tenidos en cuenta en un debate público y parlamentario (los consistentes, con pruebas, datos y apartados de valoraciones y creencias personales) de otros argumentos (que ni siquiera son argumentos) que no deben ser tenidos en cuenta, al ser privados, sesgados, inconsistentes y basarse en creencias personales. La tarea de los diputados no es votar en conciencia, ni dejarse llevar por sus propias creencias religiosas (todas ellas respetables); sino dar razones públicas para toda la sociedad, no solo para unos pocos.

Tras ella, participó la socióloga María Alicia Gutiérrez quien defendió el anteproyecto de ley de la Campaña por el Derecho al Aborto, Legal, Seguro y Gratuito por ser la que más garantías y oportunidades ofrece a las mujeres y personas con capacidad de gestar y por no contemplar la posibilidad de la objeción de conciencia, ya que, de nuevo, razones individuales y privadas no pueden afectar a temas públicos, como la salud.

La intervención de la teóloga feminista, María de los Ángeles Roberto, destacó por sus referencias a la Biblia, donde no hay ninguna prohibición expresa del aborto ni se reconoce al no nacido como una persona con derechos. Destacó además cómo Jesús siempre estuvo cerca de las mujeres y como, si viviera en el momento actual, estaría en las puertas del Congreso, con el pañuelo verde.

La activista Brenda Hamilton recordó como en Argentina, cada cinco minutos da a luz una mujer menor de 19 años y como ese es un problema social que debemos afrontar. Otra integrante de la Campaña, Julia Mengolini, continuó desmontando los argumentos de los sectores (mal llamados) provida, ya que se basan en falacias e igualan, de forma irreal, los derechos de las personas nacidas de los no nacidos.

A continuación intervino Julieta Velmaggia, de la FUBA, quien recordó cómo más de medio millón de mujeres argentinas realizan abortos ilegales e inseguros al año. Sus dificultades, sus riesgos, su muerte en algunos casos, son responsabilidad del Estado. Debemos estar con esas mujeres, no tanto con los hijos que no nacieron, como con los hijos que quedaron huérfanos porque su madre tuvo un aborto inseguro. También destacó que no se trata solo de legalizar el aborto, sino de fomentar la educación sexual y reproductiva.

Y por último, participó la abogada Agustina Ramón Michel que destacó que no se puede obligar a nadie a donar un riñón a un familiar cercano cuya vida peligra ¿por qué entonces se obliga a las mujeres a que tengan hijos?, ¿qué clase de maternidad es esa, forzada?

#AbortoLegalYa
Texto: Isabel Gamero