Parlamento de Mujeres- Cámara de diputados- Rocío Girat

 

Rocío Girat  fue invitada a hablar en el Parlamento de Mujeres

Soy víctima de abuso sexual en la infancia, activista y lesbiana, pero ante todo persona. Primero quiero agradecer este espacio y la convocatoria. Creo que la cantidad de derechos ganados no coincide con la realidad que muchos transitamos.

El pasado 2 de octubre, con mi pareja Mariana Gómez fuimos víctimas de un ataque de lesbo odio y abuso de poder por parte de la policía de la ciudad en la estación Constitución. Mi compañera fue golpeada, esposada, revisada desnuda en la dependencia de la comisaria que se encuentra en el subte E de Boedo y encerrada en un calabozo por no cumplir con la heteronormativa impuesta.

No se nos respetó nuestra identidad y no quisieron decirme adónde se llevaban a Mariana hasta acreditar que estamos casadas legalmente. Hoy está procesada. Si, sólo ella. Por resistencia a ser golpeada. Por elegir a una mujer con quien besarse. No queremos más persecuciones. Queremos ser libres de elegir. Besarnos en cualquier esquina y que no nos lleven presas por eso.

Queremos castigos a los que abusan de su poder. Queremos difusión de información de entidades donde denunciar el abuso de poder. Para mí no es desconocido el abuso y el abuso de poder. Mi progenitor me violó desde los 13 años hasta los 17, en la base naval de mar del Plata. Hasta que pude decírselo a mi mamá y ella sí poder denunciar. Eso me hizo conocer muchas realidades, donde la justicia juzga a madres, vincula a niños con sus abusadores, por lo que no se cumplen las restricciones de acercamiento. Vemos caminar libremente a violadores condenados y muchas veces nos enteramos, porque nos los cruzamos.

No queremos que nos re victimicen más. Queremos que los organismos del estado intervinientes se capaciten en género y cumplimiento efectivo de las condenas a los agresores sexuales. Queremos un estado que nos cuide, que nos notifique cuando un pedófilo queda suelto y no enterarnos porque volvió a violar o porque asesinó a alguna piba.

Nos bastan cientas de muertas y personas violentadas para saber que los agresores sexuales no cambian sus conductas luego de condenas y encierros. La pregunta sería ¿Cuántas mujeres y niñes más debemos morir para creer que los violadores no se reinsertan en la sociedad y vuelven a violentarla?

Necesitamos psicólogos comprometidos que nos ayuden a transitar el stress post traumático de presiones y confusiones luego de denunciar. Necesitamos abogados penales que acompañen todo el proceso. Pedimos que dejen de utilizar el síndrome de alienación parental como argumento absolutorio. Queremos y creemos en una vida fuera del abuso. Para eso necesitamos herramientas, necesitamos ser escuchadas y necesitamos que esta lucha contra el abuso sexual en la infancia también sea una lucha feminista. Gracias.